Nos levantamos
tempranos a tomarnos el café, en la terraza, para inventar historias de los
transeúntes que caminaban con urgencia hacia el trabajo.
Adoraba como tu piel
lívida y semi desnuda era ligeramente tostada por los rayos del sol.
Tenias
como un aire imperial sentada en los cojines multicolores en los
cuales yo prestaba atención mínima por estar en embeleso
mirando tu entrepierna juguetona.
Entre risas , historias, roces y besicos en los pezones es la mejor forma de
empezar el dia. Dia que que empezó la noche aquella , dia que quizás termine en
la madrugada de nuestros años.
Puede que todo sea un recuerdo, un sueño de tu tacto, tu pelo y tu sabor.
Porque incluso antes de ese café de la mañana tu boca era lo que mas me
apetecía.
Y mientras tanto esos transeúntes ajenos a nuestra felicidad, a nuestra sexualidad, corrían en busca de otro día mas.
Apenas imperceptibles las horas pasaron. Los días y los meses no nos dieron tregua y conspiraron en contra nuestra.
Cerca, porque aunque no te pueda tocar, aun me recreo en esos recuerdos solo nuestros.
Recuerdos tintados de melancolía y tristeza.
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